{"id":121,"date":"2026-07-30T20:27:38","date_gmt":"2026-07-31T01:27:38","guid":{"rendered":"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?p=121"},"modified":"2026-08-20T21:54:49","modified_gmt":"2026-08-21T02:54:49","slug":"cruzando-el-rio-grande-entre-suenos-y-odiseas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?p=121","title":{"rendered":"Cruzando el R\u00edo Grande: Entre Sue\u00f1os y Odiseas"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-group has-global-padding is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained\"><h1 style=\"margin-top:var(--wp--preset--spacing--50)\" class=\"is-style-mini-bar wp-block-post-title\">Cruzando el R\u00edo Grande: Entre Sue\u00f1os y Odiseas<\/h1><\/div>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Nilvio Alexander Punguil Bravo<\/h3>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1600\" height=\"1295\" src=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/GOPR1460-19-1600x1295.webp\" alt=\"Abstract painting of a sailing ship with multiple sails positioned above a multicolored hand, surrounded by stylized water and dark landscape forms\" class=\"wp-image-384\" srcset=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/GOPR1460-19-1600x1295.webp 1600w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/GOPR1460-19-600x486.webp 600w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/GOPR1460-19-768x621.webp 768w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/GOPR1460-19-1536x1243.webp 1536w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/GOPR1460-19-2048x1657.webp 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 1600px) 100vw, 1600px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Illustration painted by author (Nilvio Alexander Punguil Bravo).<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\" \/>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>Nota del Autor<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cada rinc\u00f3n del mundo, existen relatos que definen culturas, identidades y experiencias personales. Las historias que narramos a menudo se convierten en espejos de sociedades m\u00e1s grandes y testimonios de la complejidad humana. Lo que sigue es una narraci\u00f3n auto-etnogr\u00e1fica, una reflexi\u00f3n personal situada en la intersecci\u00f3n de lo individual y lo cultural. Esta narrativa no solo describe un viaje f\u00edsico y emocional hacia el Norte, sino que tambi\u00e9n, pone de manifiesto las luchas, esperanzas y realidades de aquellos que buscan un futuro mejor, dentro de un marco cultural y social eminentemente amplio. Al compartir mi historia, espero ofrecer una ventana a las vivencias y emociones de miles que, como yo, han cruzado fronteras en busca de sue\u00f1os y oportunidades.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\" \/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Testimonio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me un\u00ed a esta traves\u00eda cuando ten\u00eda 17 a\u00f1os, mis pasos iban tras un futuro mejor y mi pecho abrigaba el deseo ferviente de reunirme con mi padre; fue as\u00ed como me embarqu\u00e9 con rumbo al norte. A pesar de mi juventud y la incertidumbre del viaje, logr\u00e9 encontrar destellos de felicidad en los momentos m\u00e1s duros. El peligro era una sombra constante en nuestro trayecto. Sin embargo, la motivaci\u00f3n de reencontrarme con mi padre y la esperanza firme de un futuro m\u00e1s prometedor, me impulsaron a seguir adelante. Este cap\u00edtulo de mi historia no es el comienzo de caminatas y peripecias, sino, un extracto de lo sucedido en aquel entonces.<br><br>El viernes 27 de Julio a las 16H00 salimos de Nuevo Laredo, Tamaulipas, M\u00e9xico hacia las afueras de la ciudad. Tamaulipas como la gran mayor\u00eda de ciudades en M\u00e9xico tienen temperaturas y niveles de humedad muy altos. Usualmente el mes de Julio es temporada de lluvias. Nuestro viaje fue todo lo contrario. Era un mes extremadamente caluroso con un candente sol que nos quemaba la piel; al salir de la ciudad, cada persona llevaba consigo un gal\u00f3n de agua. \u00c9ramos 24 personas en este grupo incluyendo los dos coyotes, hombres y mujeres, algunas de ellas embarazadas y otras con sus beb\u00e9s de pocos meses de nacidos. Caminamos por \u00e1reas des\u00e9rticas rodeadas de matorrales secos que emit\u00edan ruidos al caminar sobre ellos. La caminata dur\u00f3 aproximadamente una hora, aquel d\u00eda no hab\u00eda nubes que nos protegiera del inclemente sol ni \u00e1rboles en cuya sombra pudi\u00e9ramos descansar y a pesar de la corta caminata, el agua se hab\u00eda terminado dr\u00e1sticamente; pues el calor y la humedad pasaban los l\u00edmites de aceptaci\u00f3n.<br><br>Caminando por el abrasador desierto, mi actitud juguetona empez\u00f3 a tambalearse. Las gotas de sudor que resbalaban por mi rostro reflejaban mi creciente miedo, debilitando mi optimismo. En cada paso que daba no pod\u00eda evitar preguntarme si lograr\u00eda llegar al otro lado, pues las fuerzas se me agotaban desmesuradamente. El calor implacable del desierto y el peso de lo desconocido me oprim\u00edan, dejando al descubierto mi fachada de confianza, grietas de dolor.<br><br>Despu\u00e9s de haber caminado por m\u00e1s de una hora con las vestimentas h\u00famedas de tanto transpirar, tuvimos que escondernos entre los matorrales y algunos \u00e1rboles secos hasta que caiga la noche. Finalmente, estando debajo de estos \u00e1rboles que apenas daban sombra, pudimos descansar; muchos de nosotros tuvimos que sacarnos los zapatos para poder descansar los pies; otros se sacaban la camisa o el pantal\u00f3n para poder refrescar el cuerpo, algunos ped\u00edan m\u00e1s agua y aquellos que ten\u00edan, la compart\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estuvimos en ese lugar por m\u00e1s de siete horas, el viento no soplaba y el calor no cesaba; la gente comenzaba a angustiarse y los peque\u00f1os beb\u00e9s a irritarse, ya que no hab\u00eda agua para calmar la sed ni comida para aplacar el hambre.<br><br>Estuvimos escondidos entre los matorrales para evadir a las patrullas de migraci\u00f3n que deambulaban durante el d\u00eda. Los llevadores nos dec\u00edan que habl\u00e1ramos poco y en voz baja, ya que era muy importante que guard\u00e1ramos energ\u00eda para lo que vendr\u00eda. Con la llegada de la noche, los llevadores sal\u00edan a dar vueltas a sus alrededores y con binoculares, observaban el movimiento al otro lado de la frontera. La noche no era fresca como tanto la dese\u00e1bamos; se sent\u00eda la humedad en nuestros cuerpos y gotas de sudor resbalaban una a una.<br><br>Hab\u00eda mucha angustia por saber qu\u00e9 vendr\u00eda despu\u00e9s. Hab\u00edamos esperado tanto tiempo sin tener alg\u00fan indicio del siguiente movimiento. Hab\u00eda peque\u00f1os animales que nos hac\u00edan compa\u00f1\u00eda: entre ellos, lagartijas que iban y ven\u00edan a toda velocidad, ranas que empezaban a cantarle a la noche, una noche que atra\u00eda con sonidos extra\u00f1os. Por otra parte, los llevadores estaban siempre pendientes de lo que ocurr\u00eda; ellos se comunicaban por radio a trav\u00e9s de claves con personas que estaban al otro lado del r\u00edo.<br><br>La incertidumbre y la fatiga avanzaba al no tener agua ni alimento; los pobres beb\u00e9s lloraban imparablemente. Los llevadores recalcaban que calmaran a los reci\u00e9n nacidos para no ser descubiertos por los oficiales de migraci\u00f3n. Uno de los migrantes les brind\u00f3 a las madres un pedazo de pan seco que hab\u00eda guardado. Estas para ablandar el pan tuvieron que pon\u00e9rselo en la boca y d\u00e1rselo a sus tiernos ni\u00f1os, quienes dejaban de llorar por peque\u00f1os per\u00edodos de tiempo.<br><br>Aquella l\u00fagubre noche, alrededor de las 23H00 y cuando no se ve\u00edan patrullas de migraci\u00f3n, los llevadores en voz baja dijeron: \u201cal\u00edstense que ya vamos a pasar\u201d. Los llevadores eran dos personas que sab\u00edan c\u00f3mo pasar el r\u00edo y la hora en que los patrulleros de migraci\u00f3n dejaban de vigilar. En ese momento, todos est\u00e1bamos ansiosos de cruzar al otro lado y al mismo tiempo asustados, ya que hab\u00edamos escuchado comentarios de que el r\u00edo Bravo hab\u00eda cobrado muchas vidas. Estos comentarios no fueron de mucha ayuda; al contrario, causaron mucho p\u00e1nico.<br><br>Fue entonces cuando un nudo se form\u00f3 en mi garganta, sabiendo que est\u00e1bamos muy cerca de algo, un r\u00edo desconocido y el anhelo ferviente de cruzarlo. El miedo a lo desconocido me atrapaba con fuerza, mi coraz\u00f3n lat\u00eda con mucha intensidad; el pensamiento de atravesar esas aguas despertaba en m\u00ed una mezcla de emociones: temor, vulnerabilidad y una persistente chispa de esperanza. Una vez m\u00e1s, luchaba con la realizaci\u00f3n de que el viaje en el que me hab\u00eda embarcado no solo se trataba de buscar una vida mejor, sino tambi\u00e9n de enfrentar la posibilidad de arriesgarlo todo.<br><br>Unas boyas que misteriosamente aparecieron estaban listas e infladas para su uso. Los llevadores repet\u00edan: \u201cs\u00e1quense la ropa y p\u00f3nganla en la funda pl\u00e1stica que se les dio\u201d. Fue as\u00ed como, sin hacer mucho esc\u00e1ndalo y en ropa interior, nos fuimos acomodando uno a uno para empezar a pasar el r\u00edo. Las boyas fueron amarradas con sogas en forma de cadena para mantenernos juntos; los llevadores iban al frente nadando, mientras jalaban las boyas amarradas a sus cuerpos. Eso no fue f\u00e1cil; recuerdo que dec\u00edan: \u201cNaden, naden, no paren de mover brazos y piernas; aseg\u00farense siempre de las boyas\u201d. Yo con mi joven edad y sin saber lo que es el peligro, cruc\u00e9 el r\u00edo nadando sin boyas, ayudando a tirar de las sogas.<br><br>Mientras pas\u00e1bamos el r\u00edo Bravo, se sent\u00eda en el aire la angustia y desesperaci\u00f3n, todos est\u00e1bamos asustados. Los beb\u00e9s y sus madres lloraban sin tener forma de consolarlos; fue un momento cr\u00edtico y alarmante para todos. De las 24 personas que \u00edbamos, cinco de ellas no sab\u00edan nadar, complicando y haciendo el cruce m\u00e1s forzoso, a pesar de que el r\u00edo Bravo es poco profundo y angosto \u2013hay segmentos que puede alcanzar los 2.5 metros de fondo\u2013.<br><br>El trayecto de cruzar el r\u00edo dur\u00f3 aproximadamente 20 minutos, que se sintieron horas. En este escuchaba chapoteos de la gente nerviosa, queriendo apresuradamente llegar hasta la orilla. Muchas madres lloraban inconsolablemente, pensando que se iban a ahogar con sus beb\u00e9s; los beb\u00e9s lloraban por el extremo cambio en sus cuerpecitos al estar en el agua. Cuando llegamos al otro lado del r\u00edo, los llevadores repet\u00edan, \u201chagan callar a sus beb\u00e9s que por ellos nos pueden descubrir\u201d. Tambi\u00e9n dijeron lo que todos anhel\u00e1bamos escuchar: \u201cBienvenidos al norte.\u201d Al fin est\u00e1bamos en tierras estadounidense.<br><br>Mi cuerpo gastado por cruzar el r\u00edo recibi\u00f3 una abrumadora sensaci\u00f3n de alivio. Me desplom\u00e9 sobre la tierra extranjera, temblando de agotamiento y al mismo tiempo de felicidad; el peso de nuestra haza\u00f1a me inund\u00f3, llevando l\u00e1grimas a mis ojos. A pesar de las adversidades, hab\u00edamos triunfado. En ese breve instante, sent\u00ed una profunda satisfacci\u00f3n por haber sobrevivido, valorando cada detalle de mi entorno y permiti\u00e9ndome sentir un rayo de esperanza.&nbsp;<br><br>Puedo decir finalmente que fuimos afortunados esta vez, pero no podemos ignorar que no todos los viajes tienen \u00e9xito. La supervivencia de nuestro grupo nos record\u00f3 de manera contundente los sacrificios y peligros sufridos por innumerables personas que emprenden viajes similares. Tuvimos suerte, pero esta no es una garant\u00eda para todos.<br><br>Al pisar tierra estadounidense, una oleada de emociones contradictorias me embarg\u00f3. Reconoc\u00eda el bienestar de mis compa\u00f1eros de traves\u00eda, pero tambi\u00e9n era consciente de que lo que nos esperaba no ser\u00eda sencillo.<br><br>Han pasado muchos a\u00f1os de esta odisea y los recuerdos siguen grabados en mi mente como si hubiera sido ayer; me doy cuenta de c\u00f3mo mi optimismo juvenil me protegi\u00f3. Hoy puedo decir que el viaje desde Ecuador a Estados Unidos es una mezcla de sue\u00f1os y tragedia que dej\u00f3 una marca indeleble en mi alma. Llevo el peso de esa experiencia comprendiendo los sacrificios realizados y la fortaleza necesaria para resistir. Mirar hacia atr\u00e1s me llena de una profunda gratitud, por mi supervivencia y un indescriptible reconocimiento a las innumerables personas que conoc\u00ed y trat\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\" \/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1227\" height=\"1600\" src=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/Imagen_perfil-7-1227x1600.webp\" alt=\"Person seated on a beige sofa in an indoor space, wearing a dark plaid shirt and maroon pants, with windows and decorative geometric wall panels in the background.\" class=\"wp-image-446 size-full\" srcset=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/Imagen_perfil-7-1227x1600.webp 1227w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/Imagen_perfil-7-460x600.webp 460w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/Imagen_perfil-7-768x1002.webp 768w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/Imagen_perfil-7-1178x1536.webp 1178w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/Imagen_perfil-7-1570x2048.webp 1570w, https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/wp-content\/uploads\/sites\/731\/2026\/07\/Imagen_perfil-7.webp 1825w\" sizes=\"auto, (max-width: 1227px) 100vw, 1227px\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<h2 class=\"wp-block-heading\">About the Author<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Alex<\/strong> is originally from Ecuador and has lived in the United States for more than 20 years now. He is a third-year PhD student at the School of Human Ecology, specializing in the Civil Society and Community Research (CSCR) program. Alex is a passionate writer, storyteller, musician, and painter who aims to share experiences and perspectives from diverse cultures and backgrounds. He believes in exploring the intersection of individual narratives and broader societal themes. Through his writing, Alex aims to shed light on the human condition, the complexities of migration, and the pursuit of dreams in the face of adversity. His work is inspired by personal experiences and observations, seeking to foster understanding and empathy in an ever-changing world. Alex truly believes that the power of storytelling can bridge gaps and build connections.<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\" \/>\n\n\n<div class=\"taxonomy-post_tag wp-block-post-terms\"><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=border\" rel=\"tag\">border<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=crossing\" rel=\"tag\">crossing<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=ecuador\" rel=\"tag\">Ecuador<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=journey\" rel=\"tag\">journey<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=mexico\" rel=\"tag\">Mexico<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=migration\" rel=\"tag\">migration<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=reflection\" rel=\"tag\">reflection<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/lacisreview.lacis.wisc.edu\/?tag=survival\" rel=\"tag\">survival<\/a><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nilvio Alexander Punguil Bravo Nota del Autor En cada rinc\u00f3n del mundo, existen relatos que definen culturas, identidades y experiencias personales. 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